"Domesticana":

La sensibilidad de la chicana rascuache

Amalia Mesa-Bains


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Vernáculo, vulgar, inferior, grosero e insensible --todos éstos son términos que se asocian con el kitsch. El discurso sobre éste y su relación con la vanguardia posmoderna evidencian la huella de múltiples definiciones. En particular, el trabajo de Gerardo Mosquera ha situado al kitsch dentro de un ambiente de recuperación, donde los artistas cubanos que no participan en los procesos de ornamentación cotidiana de éste pueden emplear lo "inferior" para hablar de las definiciones arbitrarias de lo "superior". El análisis se amplía hasta distinguir entre los objetos de producción masiva y las manifestaciones íntimas de decoración sincera, propias del espacio doméstico. Como señala Mosquera, se requiere mayor información clasificatoria y una definición más específica de este fenómeno. Dentro de dicho proceso de clarificación, significado y uso juegan un papel todavía más crucial. ¿Cuándo se da la recuperación del kitsch, quién la lleva a cabo y con qué fines estéticos? Una gran parte de estos cuestionamientos son igualmente válidos en el caso delrasquachismo, o la visión del oprimido. Tomás Ybarra-Frausto profundiza:

De forma muy general, el rasquachismo es una perspectiva del desvalido, de los de abajo**... presupone una visión del mundo fundamentada en la carencia, y sin embargo es una cualidad que se ejemplifica en objetos y lugares y en el comportamiento social ... se ha desarrollado como una sensibilidad bicultural.

En el rasquachismo, la irreverencia y la espontaneidad se emplean para hacer más con menos. En el rasquachismo, la postura adoptada es desafiante e inventiva a la vez. La expresión estética proviene de desechos, fragmentos, incluso materiales cotidianos reciclados como llantas, platos rotos y botes de plástico, que son integrados en un despliegue elaborado y franco en las capillas de patio, en la decoración doméstica (altares) y hasta en los adornos del coche. En su sentido más amplio, el rasquachismo es la combinación de actitudes resistentes y flexibles, producto del ingenio que permite la supervivencia y perseverancia del chicano con una percepción de dignidad. La capacidad de evitar que la vida se desintegre por medio de pedacitos de cuerda, viejas latas de café y espejos rotos, en un soprendente gesto de bravura estética, se encuentra en el corazón del rasquachismo.

El emplazamiento político de los chicanos, provenientes de una sensibilidad de clase trabajadora, pedía justamente una postura desafiante de este tipo. Criados en los barrios, un gran número de artistas chicanos ha vivido a través y desde una concienciarasquache. Incluso el término "chicano", con todas sus connotaciones vernáculas, es rasquache. En consecuencia, la sensibilidad del rasquachismo representa una herramienta evidente de los artistas-activistas, definida de manera interna. El propósito era provocar a las normas "superiores" aceptadas del anglo-americano con la realidad cotidiana de las prácticas culturales chicanas. Elrasquachismo es una visión del mundo que otorga una identidad por oposición, ampliando para ello el alcance del entorno doméstico, del coche y de la pose personal, o bien reinterpretándolos. A diferencia de la recuperación cubana del kitsch, el rasquachismo es para los artistas chicanos una faceta de una exploración interna que reconoce los significados sedimentados en la cultura popular y sus prácticas. El rasquachismo se convierte entonces en un vehículo para la cultura y la identidad. Esta doble función de resistencia y afirmación es esencial dentro de la sensibilidad del rasquachismo.

En el contrapunto que se suscita entre kitsch y rasquachismo, salen a relucir dos diferencias fundamentales. En primer lugar, el kitsch funciona como un material, como fenómeno de gusto que emplea objetos de producción masiva o como un estilo de expresión personal en la decoración; el rasquachismo contiene asimismo la expresión material pero además, y lo que es más importante, expresa una postura o actitud. Existe por tanto una diferencia intrínseca en el significado de uno y otro. En segundo lugar, sus respectivos usos reflejan un manejo radicalmente opuesto de los elementos para los artistas. El kitsch como expresión material es recuperado por artistas que no han participado vivencialmente en su génesis. De forma inversa, para el artista chicano el rasquachismo funciona como un instrumento que tiene sus raíces y opera desde una sensibilidad compartida de barrio. Podemos decir que el kitsch es apropiado, mientras que el rasquachismo se aclama o se afirma. De lo anterior se desprende que el rasquachismo es una visión integral del mundo que sirve de fundamento para la identidad cultural, y un movimiento sociopolítico. Como tal, no se ha limitado al campo de las artes visuales sino que ha sido una sensibilidad primordial en el teatro, la música y la poesía. El espíritu tragicómico de la vida de barrio, como precisa Ybarra-Frausto, ya está presente en losactos tempranos del Teatro Campesino de Luis Valdéz, en la poesía de José Montoya, en las obras de la Royal Chicano Air Force o RCAF (Real Fuerza Aérea Chicana*, un colectivo de artistas conceptuales), en las variadas manifestaciones urbanas del grupo ASCO** de Los Ángeles y en el espectáculo fronterizo de Guillermo Gómez-Peña. El rasquachismo se convierte entonces en una sensibilidad redentora, vinculada con un movimiento cultural chicano de amplias bases. Como la primera generación de su comunidad en recibir una educación universitaria (tras las aguerridas batallas que se libraron en pro de los derechos civiles, en la etapa de los Civil Rights), estos artistas empleaban una sensibilidad bicultural. Operando como una comunidad internamente colonizada, dentro de las fronteras mismas de Estados Unidos, los chicanos forjaron un nuevo vocabulario cultural compuesto de elementos sustantivos provenientes de la tradición mexicana y de los enfrentamientos sufridos en un medio hostil. La fragmentación y la recombinación unieron elementos dispares tales como corridos, imágenes de Walt Disney, películas mexicanas, publicidad de medios masivos, incluso gráficas de calendarios mexicanos y arte pop estadunidense. Este encuentro de dos mundos sólo podía negociarse a través de la sensibilidad del rasquachismo, una irreverencia enfocada a la supervivencia que proveía un vehículo de continuidad cultural. En muchos aspectos, el desafío rasquache de la producción artística chicana ha fungido como la historia anecdótica de una comunidad, repudiada y negada en la historia institucional de la nación en general. Mediante este proceder, el rasquachismo se encarga de aportar la anécdota a la que se refiere el teórico crítico Walter Benjamin: "La anécdota hace que las cosas se nos aproximen en el espacio, les permite entrar en nuestras vidas. La anécdota representa el extremo opuesto de la Historia ... el verdadero método para lograr que algo esté presente es transformarlo en una imagen dentro de nuestro propio espacio."

En las artes visuales, el rasquachismo como sensibilidad ha sido una fuerza fundamental. El discurso regional en elrasquache chicano ha sido rural y urbano. Los ensambles de tapones de rin de David Avalos, por ejemplo, han fusionado los amuletos del catolicismo con el arte urbano automotriz, para producir un nuevo icono, el "Tapón Milagro". El distintivo carácter rural es también esencial en la serie escultóricarasquache "Chiles en tracción" del artista chicano Rubén Trejo.

 

Domesticana

Recorrer la producción rasquache del arte chicano con el propósito de ubicar la obra de las mujeres exige una descripción tanto del barrio como de la experiencia familiar, y el análisis de su representación. Un examen del tipo requiere la aplicación de la teoría feminista a dicha representación.

La experiencia cotidiana de las chicanas de clase trabajadora está repleta de las prácticas propias del espacio doméstico. Esta esfera incluye los ornamentos del hogar, el mantenimiento de los altares de casa, las tradiciones de curación y la pose o estilo personal feminino.

El fenómeno del altar casero es tal vez el más prolífico. Establecido gracias a la continuidad de la fe espiritual &emdash;de naturaleza prehispánica&emdash;, el altar familiar funciona para las mujeres como contrapunto a los rituales del catolicismo donde los hombres ejercen su dominio. Dichos altares, con frecuencia situados en la recámara, ubican la historia familiar y los sistemas culturales de fe. Los arreglos de minucias, objetos evocadores, iconos devotos y elementos decorativos son creados por mujeres que practican una estética familiar. Algunos elementos formales que aparecen de forma constante son santos, flores (de plástico, disecadas, naturales y sintéticas), fotografías familiares, recuerdos, objetos históricos (medallas militares, banderas y otros), velas y ofrendas. Caracterizados por la acumulación, el despliegue y la abundancia, los altares permiten la mezcla de la historia, la fe y lo personal. Las estructuras formales que con frecuencia se ven son los nichos (o las repisas que cumplen la misma función) y los retablos (las cajas donde determinados iconos aparecen en relieve), e incluyen también innovaciones en el uso de luces navideñas, materiales reflectores y miniaturas.

Como una extensión en el hogar de este espacio sagrado, la capilla es una presentación a mayor escala y más pública de la estética espiritual de la familia. Ésta puede incluir estructuras de cemento decoradas con mosaicos de espejo, improvisaciones a base de llantas, estatuas de jardín, luces de fuente y flores de plástico. Tanto en el altar de la casa como en la capilla, la transfiguración depende de un proceso de añadidura casi orgánico de objetos hallados y diferencias de escala, que remiten a una historia vivida en el tiempo. Para muchas chicanas, la elaboración gradual de los altares caseros representa la principal oportunidad de refinar habilidades domésticas como el bordado, el tejido, la elaboración de flores y la pintura a mano.

El funcionamiento creativo del espacio sagrado en el hogar se vincula con la práctica siempre viva de la curación. Ciertas hierbas, talismanes, imágenes religiosas y fotografías de curanderos históricos son fundamentales dentro de esta tradición cultural. Las jóvenes aprenden de las mujeres mayores prácticas como las limpias con hierbas quemadas y la aplicación de curas homeopáticas. El contexto regional contribuye a la disciplina curativa, en particular en el suroeste.

En el área de la decoración doméstica, de mayor amplitud, prevalecen los procesos artesanales como el recorte de papel, el tallado y la pintura a mano. Se suman a los objetos populares los almanaques y los carteles de cine. El rol central de la vida en familia encauza la sensibilidad de "domesticana"; las mujeres chicanas con frecuencia crecen dentro de estructuras jerárquicas donde el hombre domina a la mujer, y los viejos se imponen sobre los jóvenes.

El enfásis en la estratificación de los géneros crea límites dentro de los roles familiares, y las mujeres son entonces las responsables de criar a los niños, de la curación y la salud, de la ornamentación del hogar y del acicalamiento personal. Este panorama tradicional se amplía en familias ubicadas en centros urbanos, pero sigue siendo relativamente consistente.

Elrasquache de las mujeres chicanas (domesticana) se ha desarrollado no sólo a partir de la resistencia a la cultura mayoritaria y de la afirmación de valores culturales, como su contraparte masculina, sino en virtud asimismo de las restricciones impuestas a las mujeres dentro de la propia cultura. El desafío a la identidad cultural impuesta por los anglosajones, y el desafío a la restrictiva identidad de género dentro de la cultura chicana, han inspirado el rasquachismo femenino. Domesticana surge como el espíritu de emancipación de las mujeres chicanas; se fundamenta en la educación superior y, hasta cierto punto, en las expectativas angloamericanas dentro de una sociedad más abiertas. Al conocer una nueva gama de oportunidades, las chicanas fueron capaces de retar las restricciones comunitarias relativas al rol de las mujeres. Las técnicas subversivas que juegan con imágenes tradicionales y materiales culturales son características de domesticana. Dentro del cuerpo de trabajo que recién hemos definido, podemos comenzar a aplicar las perspectivas críticas de la teoría feminista.

 

Teoría feminista

Para entenderdomesticana chicana, hace falta adoptar una postura crítica en donde la producción artística no sólo refleje la ideología sino que participe en su construcción. El arte se convierte entonces en una realidad social que crea, reproduce e incluso redefine &emdash;desde la vivencia individual&emdash; visiones del mundo e identidades esenciales. La construcción de lo femenino a través del patriarcado se apoya en una red de relaciones psico-sociales que producen significado; dichos significados surgen por la forma en que el patriarcado nos posiciona como esposas, hijas, hermanas y madres. La teórica Griselda Pollack desarrolla este punto:

El significado del término mujer se instala de hecho en las posiciones sociales y económicas y es producido de manera constante en el lenguaje, en la representación que se hace a las personas que ocupan estas posiciones sociales y económicas &emdash;fijando identidad, lugar social y posición sexual, y proscribiendo cualquier otra alternativa.

De esta manera, la esfera doméstica &emdash;con la totalidad de sus roles y prácticas sociales&emdash; se mantiene culturalmente inmóvil dentro del patriarcado, a menos que la representación de dicho mundo cuestione estas prácticas y, al hacerlo, contribuya a su transformación. En particular, lo feminino está cargado de este potencial para la emancipación. La recámara y la cocina transmiten una centralidad pero también un encierro. Con el arribo de la metrópolis moderna, la polaridad del espacio público (masculino) y el espacio privado (femenino) ha desembocado en un distanciamiento aún mayor, proceso que la urbanización intensifica. Además, las tradiciones rurales de la comunidad chicana han cercado el ámbito privado y restringido de las mujeres de manera única, mientras que los fuertes lazos de parentesco en familias extendidas han profundizado la red psico-social de los roles femeninos. La cámara doméstica se convierte entonces en un espacio prominente, pero también aislado. Una vez más, el trabajo de Pollack sobre la representación del espacio femenino nos proporciona un marco crítico:

Los espacios de la feminidad no sólo operan al nivel de lo que se representa en el vestíbulo o en el cuarto de costura. Los espacios de la feminidad son aquellos desde los que la feminidad se vive como un posicionamiento en el discurso y en la práctica social. Son el resultado de un sentido vivencial de la vinculación social, la movilidad y la visibilidad en la relación social de ver y ser vista. Formados dentro de la política sexual del mirar, estos espacios delimitan una organización social particular de la mirada, que a su vez opera en sentido inverso para asegurar un orden particular de la diferencia sexual. La feminidad es la condición y el efecto.

Esta condición y efecto se mantienen estables; sólo varían si la representación, al igual que el lenguaje, reubica o reposiciona lo femenino. Las ambigüedades y las metáforas del espacio pueden ser las encargadas de sacudir los cimientos patriarcales en el arte, empleando para ello obras estimulantes. Domesticana comienza a reposicionar a la chicana al trabajar el espacio femenino.

 

Domesticana chicana

La obra de las artistas chicanas se ha ocupado desde tiempo atrás de los roles de la mujer, ha cuestionado las relaciones entre los dos sexos y se ha encargado de abrir el espacio doméstico. La paradoja, la ironía y el espíritu subversivo presentes en sus obras revelan la naturaleza conflictiva y contradictoria del mundo doméstico y familiar. En domesticana chicana, la creación de un espacio familiar provee un sitio para la definición personal de la artista. En el caso de aquellas artistas chicanas que adoptan la postura rasquache, la obra se reviste de un significado más profundo de tensión doméstica, ya que las señales de "poder arreglárselas" son a la vez afirmación de la vida doméstica y desafío a la subyugación de las mujeres en el hogar. Dicha tensión simboliza la contradicción entre los aspectos sustentadores de lo femenino y la lucha por redefinir roles restrictivos. Los momentos atesorados figuran junto a las indagaciones sobre el propio yo, la cultura y la historia en visiones de una cámara doméstica que es paraíso y prisión.

Envidia de Venus, Capítulo uno (Primera comunión, momentos antes del fin), Amalia Mesa-Bains, 1991

El énfasis en obras efímeras, concebidas específicamente para el sitio, es característico de domesticana. Este fenómeno se origina en las respuestas chicanas de supervivencia a los dilemas de la migración y a celebraciones comunitarias que no tienen carácter permanente. Muchas de las obras innovan sobre formas tradicionales como el relicario, la capilla, las memorias domésticas de altares de recámara, el vestidor y las ofrendas para el Día de los Muertos, e incorporan reflejos cotidianos de la feminidad y el glamour. La ampliación de estas formas por medio de domesticana funciona como el rescate de la memoria, que captura en imágenes permanentes la búsqueda del tiempo perdido*. Las chicanas echan mano del ensamblaje, el bricolage, las miniaturas, pequeñas obras en cajas, la fotografía, el texto y objetos evocativos para crear una visión mimética del mundo que emprende una narración del pasado femenino desde una nueva perspectiva. Las narraciones de domesticidad y ruina son presentadas en una enunciación redentora dentro del lenguaje de domesticana. Las artistas emplean desechos de la cultura pop, residuos de festejos, joyería, trastes de cocina, objetos de tocador, santos, tarjetas religiosas y milagros en arreglos combinados y recombinados que reflejan un glamour hecho pedazos. Las artistas chicanas que aplican los principios de domesticana pueden yuxtaponer la hiper-feminización a la destrucción y la pérdida en una infatigable reevaluación del ámbito doméstico.

Las obras actúan como herramientas de un íntimo proceso narrativo, mediante una estética de acumulación de experiencias, referentes, memoria y transfiguración. Entre las artistas cuya obra incorpora la postura de domesticana chicana están Santa Barraza, Carmen Lomas Garza, Celia Muñoz, Patricia Rodríguez y Patssi Valdéz.

 

Resumen

La expansión de un rasquachismo femenino bajo la forma de domesticana representa un esfuerzo de elaboración, tanto de las diferencias interculturales entre el kitsch cubano y el rasquache chicano, como de las diferencias interculturales entre éste último y domesticana chicana. Como en toda exploración, las terminologías deben manternerse permeables, las sensibilidades no deben ser del todo nombradas y las categorías tienen que venirse abajo. Víctor Zamudio-Taylor nos recuerda que el arte y ladomesticana chicanos "destrozan la constelación de abstracciones materializadas y rompen la presunción monopólica del discurso establecido de definir qué es real y verdadero".

La redefinición de lo femenino necesariamente ha de tener su origen en los vocabularios de representación de las mujeres, si hemos de sanar las heridas ocasionadas por el patriarcado y la colonización. Éste es el reto de las visiones novedosas del espacio, de la nueva postura desafiante de domesticana.

 

Traducción: José Wolffer

 

 


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